Esta es una traducción de la página original en inglés.
Mantengamos el control de nuestras tareas informáticas ¡para que la informática no nos controle!
por Richard StallmanLa World Wide Web, desarrollada por Tim Berners-Lee en 1990 como un sistema para publicar y leer información, se está transformando poco a poco en un sistema de computación remota. Almacena tanto nuestros archivos como datos personales nuestros, a menudo limitando nuestro acceso a tales datos pero permitiendo al FBI acceder a ellos en cualquier momento. Realiza nuestras operaciones informáticas en nuestro lugar, sin que podamos controlar lo que hace. Nos ofrece todo tipo de tentaciones atractivas, pero debemos resistir.
En los años ochenta, la mayoría de la gente no usaba computadoras. Quienes sí lo hacían usaban principalmente computadoras personales o servicios de tiempo compartido (timesharing). En ambos casos se podía instalar el software que se deseara. En ambos casos el usuario o usuaria ejercía el control total sobre los datos, aunque no está claro cuál era el alcance de accesso que el timesharing otorgaba al FBI. En todo caso, para los años noventa los servicios de tiempo compartido ya habían prácticamente desaparecido.
Esto no significa que esos usuarios tuvieran el control de sus tareas informáticas. Cuando se trata de software, o bien los usuarios controlan al programa (software libre) o el programa controla a los usuarios (software privativo o no libre). Ejecutaban software privativo porque era lo único disponible en aquel momento. No podían modificarlo, ni siquiera entender lo que el programa realmente hacía.
Los abusos del software privativo se han intensificado desde entonces. Hoy en día puede espiarnos, imponernos restricciones intencionalmente y/o contener puertas traseras. (Windows es famoso por hacer las tres cosas, al igual que el iPhone y el Kindle). Pero incluso sin tales abusos, no es justo que el software controle a los usuarios.
Es por eso que, en 1983, lancé el movimiento del software libre. Decidimos desarrollar un sistema operativo y aplicaciones completamente libres de modo que estuvieran bajo el control de los usuarios. A este sistema le di el nombre de GNU (probablemente haya oído llamarlo «Linux», pero es un error). Quienes se pasan a este sistema y perseveran en utilizar solo software libre poseen el control de sus tareas informáticas. Hasta ahora hemos liberado solo una pequeña parte del ciberespacio, pero eso es ya un bastión de la libertad.
La evolución de la web amenaza con anular ese logro. El primer problema fue la aparición de referencias invisibles a sitios cuyo propósito era la vigilancia (posiblemente con fines publicitarios). Quienes visitaban los sitios A, B, X y Z no se percataban de que esas páginas contenían enlaces invisibles a te-estoy-vigilando.com, de manera que este sitio informaba de las visitas también a aquel sitio, y registraba permanentemente que tal usuario o usuaria había visitado ciertas páginas.
JavaScript introdujo un problema adicional. Mientras al inicio se usaba para cosas inocuas como menús inusuales, sus capacidades se han extendido hasta el punto de poder ejecutar operaciones de cómputo complejas. Servicios tales como Google Docs instalan grandes programas JavaScript en el navegador del usuario. A pesar de que se ejecutan en la computadora, los usuarios y usuarias no tienen el control de lo que estos programas hacen.
Y luego está el problema de almacenar nuestros datos en los servidores de las empresas. Las más grandes de estas empresas tienen muy poco respeto por la privacidad del usuario. Por ejemplo, cuando un usuario o usuaria entrega sus datos a Facebook, las empresas pagan a Facebook (no al usuario) para usarlos. Le pagan a Facebook (no al usuario) por incluir la imagen del rostro del usuario o usuaria en sus anuncios de publicidad.
Aunque a veces sí abusaban, las empresas que en los años ochenta ofrecían el servicio de tiempo compartido generalmente respetaban los datos de los usuarios porque estos eran clientes de pago que podían optar por cambiarse a otro proveedor cuando quisieran. Los usuarios y usuarias de Facebook no pagan, no son clientes, son mercancía que Facebook puede vender a otras empresas. Si la empresa está en EE. UU. o es una filial de una empresa estadounidense, el FBI puede obtener los datos a su antojo, incluso sin orden judicial, en virtud de una ley estadounidense llamada «Patriot Act» (Ley patriota), tramposa denominación elegida para blanquearla.
Algunos proveedores también ofrecen servicios que operan con datos de los usuarios. En la práctica, esto significa que el usuario procesa sus datos en los servidores del proveedor, y estos servidores asumen el control total de las operaciones.
Existe una campaña de marketing sistemática para que los usuarios confíen sus tareas informáticas y sus datos a empresas en las que no tienen absolutamente ninguna razón para confiar. Se vale del eslogan «computación en la nube» (cloud computing), una expresión que abarca tantos contextos informáticos diferentes que su único significado real es: «Hazlo sin pensar en lo que estás haciendo».” 1
Existe incluso un producto, Google ChromeOS, diseñado para que los datos se puedan almacenar únicamente de forma remota, por lo que la usuaria se ve obligada a realizar sus tareas informáticas de forma remota. Irónicamente, este producto es software libre, una variante de GNU/Linux. Los usuarios tienen acceso al código fuente y pueden modificarlo para que admita el procesamiento y el almacenamiento de datos locales, siempre que la máquina cuente con memoria suficiente y que permita al usuario instalar sus propias versiones del software. Si sucede como con los teléfonos Android, la mayoría de los dispositivos ChromeOS serán diseñados para impedir que los usuarios y usuarias puedan hacerlo.
Todo esto no significa que los usuarios y usuarias de Internet no puedan tener privacidad. No significa que no puedan tener el control de sus tareas informáticas. Lo que significa es que habrá que nadar a contracorriente para conseguirlo.
1. En 2008, Stallman advirtió de que la «computación en la nube» es una trampa. Después de eso, desarrolló su análisis de la expresión.
Publicado por primera vez en Der Spiegel Online.